October302009

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Ahora todo iba a ir bien. Ahora que por fin había encontrado la solución, la salida, podía respirar tranquilo. El lugar en el que se encontraba era seguro: había gente que le cuidaría. Ya no más coloridas pesadillas por lugades inhóspitos donde todos las rectas eran cóncavas y donde se podían contar doce longitudes de un mismo cuerpo. Tomó aire y cerró los ojos con una dulce sonrisa, dispuesto a dormirse.

Veinte años más tarde, durante las obras de demolición del edificio encontraron un cuerpo rígido, de rostro sereno, todavía con sudor en el rostro, pero inequívocamente muerto, en la única habitación que aún conservaba las paredes acolchadas del, por más de medio siglo, abandonado manicomio.