December52007
Sucedió un día cualquiera, mientras caminaba por la calle. Comencé a oír una voz en mi cabeza. Su tono era dulce y amigable, todo lo contrario de lo que cabría esperar. Sus palabras estaban llenas de sabiduría. De verdad. Me daba consejos, me equilibraba. Con el paso del tiempo se le unieron más voces. Yo, acostumbrado, comencé a notar que sus palabras cada vez estaban más llenas de odio, de rencor. Todo aquello rompía con mi filosofía de vida, así que dejé de prestarles atención. Aún así, seguían ahí, haciendo de banda sonora de mi día a día. Cuando, de repente, todas ellas se callaron sentí el mayor vacío concebido y el más mudo de los silencios.
Y entonces supe que había perdido la cordura.