December232007

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No había sido el ruido del despertador el que me despertó. Sin embargo, era curioso como mi cuerpo había reaccionado a pesar de la ausencia del molesto pitido. Me había alzado rígido, asustado, había mirado rápidamente hacia el reloj confirmando mis temores. Eran las ocho en punto, y debía de estar partiendo hacia mis clases dentro de diez minutos, o llegaría tarde. Salí de la cama apresurado y en dirección al aseo. Busqué mi ropa en el armario, mis documentos sobre el escritorio, mi elegante mochila, mi pluma (regalo de mi difunto padre), mis gafas, mi abrigo y mi sombrero. No me dio tiempo a tomar nada antes de partir. Ni siquiera tuve tiempo para darme cuenta de que había dejado mi cuerpo, tumbado, sobre la cama.