January222008

text

Sábado por la noche. Una vela alumbra la habitación. Cinco personas reunidas alrededor de una mesa. Encima de la misma, papeles, dados, y unos cuantos lápices. Algo que parece un mapa. El humo del tabaco flotando en el aire. Música de fondo. Se hace el silencio y comienza.

Ya no estamos aquí. Estamos en Boston. Un conocido nos ha reunido aquí, quiere hablarnos de un asunto. Entramos en casa de un tipo. Dice que tiene una casa alquilada y que ha tenido problemas con ella. Más que con ella, con el matrimonio al que se la alquiló. Los Macario. Ambos en el manicomio, sus hijos bastante lejos de aquí. Dicen que podría ser cosa de la casa. Sospecho. Quizás es un poco exagerado decir algo así. Me pregunto si hubieron más casos. Tomo nota mental y pienso en ir hasta la comisaría. Seguro que Ted me deja echar un vistazo en los archivos. Pienso que mejor le llevo unas rosquillas, por si acaso.

Horas después el tema me asusta. Demasiadas coincidencias. Algo no encaja aquí. Rose piensa igual que yo, y me es suficiente. Decidimos entre todos las visitas que vamos a realizar. Aquí y allá, vestigios de información hace que mi mano se dirija inconscientemente hacia mi revolver cada poco tiempo. […] El aire aquí es irrespirable. Un sonido llama mi atención. Me dirijo a la ventana y minutos después mi cuerpo golpea el suelo, acompañado del sonido de cristales rotos. La lluvia golpea mi rostro y oigo gritos en la habitación que acabo de abandonar. No puedo levantarme. Me quedo quieto, esperando. […] El rostro se nos desencajó a todos cuando vimos que se levantaba. Mi sentido común, mi experiencia con muertos me decía que no era posible. El miedo se apoderó de mí. Intenté hacerle frente pero fue inútil, sentí como poco a poco perdía la consciencia hasta que me noté profundamente dormido […]. Ya no era lo mismo. El rostro de todos es diferente. Yo me siento diferente. Intuyo que sólo es el principio…