January292008

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La última vez que nos encontramos fue sentadas una frente a la otra, en esta cafetería que tan bien conocíamos. Realmente fue allí donde ella y yo nos conocimos. Nuestra presentación, bastante lejos de ese lugar, había sido fugaz y poco importante. Pero, casualidades, al final acabamos así, ella y yo solas, conociéndonos con todo el tiempo del mundo.

Quedábamos entonces bastantes más veces que ahora. Ella solía llegar con retraso, y yo me entretenía el la librería de enfrente esperando a que llegara su tren. Fue así, también, como descubrí y adquirí interesantes libros. Desde que dejé de ser puntual ya no me paso por esa librería. Por falta de inercia.

Entonces nos dedicábamos unas cuantas palabras mientras caminábamos. Las conversaciones nunca fueron forzadas ni siguieron una fluidez especial, ni ningún camino marcado. Se alejaban de esas largas conversaciones en las que vas entrelazando asuntos y acabas preguntándote cómo has llegado hasta aquí. Eran, más bien, conversaciones a saltos, tal como los pensamientos se nos presentan a veces en la mente. Sin ningún nexo en común. En realidad adoraba su forma de expresarse. Ningún niño podría haber mostrado más espontaneidad ni más sinceridad que ella.

Después acabábamos siempre en esta cafetería. Nos pedíamos lo de siempre y subíamos a la parte de arriba. Yo me dedicaba a escuchar sus ideas mientras saboreaba el café, preguntándome por qué ella dejaba enfriar el suyo. Su franqueza también era agradable. En ocasiones me contaba las cosas dos o tres veces, aunque yo le hiciera consciente de ello. Siempre me pregunté si era por cuestión de memoria, o porque contaba las mismas cosas a todo el mundo. O por ambas cosas. Diría que, incluso, me enamoré.

Y después, se acabó. Ella encontró otra gente, y yo también. Fue una separación casi natural. Aunque, por supuesto, seguíamos encontrándonos ocasionalmente. Volvíamos a esta misma cafetería, a esta misma mesa. Aunque no era hoy una de esas ocasiones, y no me encontraba con ella mientras apuraba el último sorbo y pagaba, saliendo, silenciosamente, a la calle.