December162008
Aquella ocasión era, sin duda, la vez que más dinero contemplaba, reluciente, encima de la destartalada mesa de su tugurio favorito. El aire se volvía más denso a cada inhalación. Estudió los rostros de sus adversarios, gélidos. La misma muerte les haría parecer más vivos de lo que ahora lucían. Su vida, como experta jugadora, podía terminar esa noche. Extendió con cuidado la mano hacia el centro de la mesa y realizó su jugada maestra. Fue tan rápido que cayeron muertos antes de darse cuenta de que sostenía una presiosa Colt Anaconda en sus manos. Tomó el dinero, saludó al camarero y salió por la puerta.